02 / 06 / 2014

Salida del grupo de montañismo del CEM Horacio Aravena Andaur

 

 

El grupo de excursión y montañismo realizó su primera salida de este 2014 visitando la Reserva Nacional de Río Clarillo, reserva que es parte de los Senderos de Chile.

 

Relato de un experiencia natural

 

Disfrutar de la naturaleza junto a amigos y compañeros es sin lugar a dudas una experiencia rica en sonrisas, entretención, compañerismo, aventura y mucho aire limpio.

 

La fría  mañana del viernes 30 de mayo esperaba a  16 jóvenes, integrantes confirmados, del grupo de excursión y montañismo del Centro Educacional Horacio Aravena Andaur, quienes con entusiasmo compartían sus experiencias de salidas anteriores con aquellos que, por primera vez, vivirían la práctica en terrenos ajenos a lo urbano.

 

El sol daba sus primeras caricias, el grupo se apostaba en la entrada de la reserva; primero lo pedagógico y unas cuantas recomendaciones, para luego emprender rumbo.  El encargado de la expedición fue Mauricio Urrea, psicólogo del Liceo, quién junto a Carlos Sepúlveda –conocido y experimentado andinista nacional-  entregaban algunos consejos para realizar una exitosa travesía por la pre cordillera chilena. El frío comenzaba a desaparecer al momento de comenzar el camino (hasta ese entonces nadie imaginaba que caminaríamos más de 7 horas), luego de sortear el río nos esperaban senderos estrechos, empinadas cuestas, pedregosos tramos, pero nada que el canto de los pájaros no pudiese aplacar.

 

El grupo permanecía unido, un descanso se hacía necesario después de 40 minutos vigorosos de la primera caminata. Una que otra recomendación, alimento por aquí y bebestibles por allá… la caminata debía continuar. Llegaríamos algo abatidos al mirador, pero con la mente intacta en lograr –en ese entonces- la hazaña. Nos encontramos con lingues, arrayanes y canelos, parte de la flora del lugar. Escuchamos el canto de los zorzales y las tencas, y también cantamos con el repertorio de Oscar, el encargado de animar al grupo en el ascenso.

 

La cima estaba a tan solo “15 minutos”, según comentaba  Mauricio, lo cierto es que esos 15 minutos que comentaba Mauricio eran como 60 minutos para el resto. El cansancio se hacía presente; calambres, dolor de rodilla, sed y el “¿Cuánto falta?” se repetía constantemente, pero el triunfo de llegar a la cima y contemplar el paisaje, dejaba todo reclamo atrás. Disfrutar, aunque por unos segundos, del silencio del sector, contemplar la maravilla de la naturaleza y el premio de estar en ese tan sagrado lugar, hizo valer el esfuerzo de todos quienes participamos de esta experiencia enriquecedora.

 

La tarde avanzaba y comenzaba el descenso, los 1600 msnm (metros sobre el nivel del mar) alcanzados quedaban atrás. Técnicas como el “zig-zag” eran enseñadas y aplicadas para realizar una bajada más segura. La llegada al río se sintió algo rápida, “tanto caminamos en subida y se hizo nada la bajada” se escuchaba entre los excursionistas. Claro, faltaba algo, para nuestra sorpresa el río nos esperaba con sus heladas aguas, lo que fue como un bálsamo para nuestros pies. Refrescarse luego de una extenuante excursión fue reparador.

 

La travesía llegaba a su fin. Después de todo no se sintieron los 15 kilómetros recorridos. La alegría de haber vivido una experiencia única aquietaba todo cansancio, dejaba la sensación de agrado y bienestar y por sobre todo la gratificación de haber sido partícipe de tan esplendida experiencia natural.

 

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